La pena de muerte en la Iglesia Católica

Con respecto a  la pena de muerte en la Iglesia Católica, el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 admitía en su número 2266 “en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte” y añadía en el número siguiente algunas consideraciones restrictivas. En la Iglesia, la insatisfacción provocó en 1999 una nueva redacción sobre el tema  del nº 2267, que quedó así: “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para defender y proteger del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a  esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana. Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo, suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos”.  El Concilio Vaticano II GS nº 51 aclara “el absoluto carácter inviolable de la vida humana inocente y es una verdad moral explícitamente enseñada en la Sagrada Escritura, mantenida constantemente en la Tradición de la Iglesia y propuesta de forma unánime por su Magisterio” … “la eliminación directa y voluntaria del ser humano inocente es siempre gravemente inmoral” (Encíclica “Evangelium Vitae” de Juan Pablo II, nº 57). “La tolerancia legal del aborto o de la eutanasia no puede de ningún modo invocar el respeto de la conciencia de los demás, precisamente porque la sociedad tiene el derecho y el deber de protegerse de los abusos que se pueden dar en nombre de la conciencia y bajo el pretexto de la libertad” (EV nº 71). “El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar” (EV nº 73). Ante las leyes que admiten el aborto o la eutanasia “nunca es lícito someterse a ellas, ni darle el sufragio del propio voto” (EV nº 73).

En cambio el Sr.  Zapatero ha hecho aprobar una “Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo” en la que en teoría lo que se pretende es “garantizar y proteger adecuadamente los derechos e intereses en presencia, de la mujer y de la vida prenatal”. Esta protección de la vida prenatal la afirma en cuatro ocasiones, pero queda en nada en cuanto afirma: “se reconoce el derecho a la maternidad libremente decidida”(art. 3.2), fórmula con la que se reconoce al aborto como un derecho.

Pero no es el único campo en el que el señor Zapatero está a favor de la muerte y en contra de la vida. Su gobierno ha estado defendiendo la investigación con células madres embrionales, investigación inmoral por la matanza que supone de los embriones investigados y que, aparte de ser carísima no ha conseguido resultados médicos, mientras que la investigación con células madres adultas es mucho más barata, no presenta problemas  morales y  está consiguiendo notables resultados médicos. En cuanto al caso de los bebés medicamento cada uno de estos bebés supone la muerte de cincuenta embriones, y  hoy hay otra técnica más efectiva y totalmente lícita, gracias al cordón umbilical.                                                   
Pedro Trevijano, sacerdote

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