El Papa ha reclamado un nuevo orden financiero mundial, reformas de la ONU, y

El Miércoles 8 de julio de 2009, en la CIUDAD DEL VATICANO, con motivo de la víspera de la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8), en la que los líderes de las principales potencias intentarian coordinar esfuerzos para superar la crisis global, el papa Benedicto XVI abogó  por un nuevo orden financiero mundial, guiado por la ética, la dignidad y la búsqueda del bien común, y pidió la reforma de las Naciones Unidas.

En la tercera encíclica de su pontificado, titulada Caridad en la verdad, el Papa deploró la codicia que ha producido la crisis económica más grave desde la Gran Depresión, que, según dijo, aumenta las desigualdades sociales, la pobreza extrema, el drama del trabajo precario e, incluso, pone en peligro la democracia. “Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la ONU como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones”, señala el documento, cuya elaboración le demandó al Pontífice dos años. “La ganancia es útil si sirve como medio hacia un fin. Una vez que la ganancia se convierte en el fin exclusivo, si se produce por medios indignos y sin tener el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir la riqueza y crear pobreza”, señala el texto, en el que el Papa denunció la mentalidad del lucro a toda costa de la economía globalizada. Con esta encíclica, Benedicto XVI quiso dar a los líderes mundiales un enérgico imperativo moral para corregir los errores del pasado, “que causaron tantos estragos en la economía real”. “La economía necesita la ética para funcionar correctamente. No cualquier ética, sino una centrada en la gente“, añadió. El Pontífice criticó además a la ONU, porque “ante los sufrimientos de la humanidad demostró ser incapaz de afrontar las sacudidas de la globalización”. En el documento acusó a las agencias del organismo internacional de querer imponer planes de control de los nacimientos a los países pobres, incluso con el aborto. Del mismo modo, les reprochó no haber conseguido afrontar hasta ahora “el escándalo del hambre, en parte por el despilfarro y la falta de transparencia en las ayudas“. Por esos motivos, el Papa pidió una reforma de la ONU y una “nueva autoridad política mundial“, capaz de afrontar los procesos globales con “poder efectivo”, pero respetando los principios de solidaridad y subsidiariedad. “Hay que volver a tomar la ética y la dignidad humana como centro del desarrollo“, reclamó. Benedicto XVI se ha referido con frecuencia al impacto de la crisis global sobre los pobres, particularmente en Africa. Pero la encíclica, uno de los documentos de mayor importancia que puede emitir un papa, marcó un nuevo nivel en el magisterio de la Iglesia, al vincular la doctrina del Vaticano de atender a los pobres con los sucesos actuales. Aunque reconoció que la economía globalizada “sacó a miles de millones de personas de la miseria”, el documento señala que el crecimiento descontrolado de los últimos años ha causado otros problemas sin precedente, como los flujos migratorios masivos, la degradación del medio ambiente y la pérdida total de confianza en el mercado mundial. Por eso, el Papa exhortó a los países más ricos a incrementar la ayuda a las naciones pobres para eliminar el hambre en el mundo. La encíclica reitera que la Iglesia no es contraria al “mercado”, a condición de que no se reduzca a la búsqueda del beneficio y admita la influencia del Estado. Y, según dijo el Pontífice, la Iglesia tampoco es contraria a la globalización, siempre y cuando no se frene con “proyectos egoístas y proteccionistas” y ofrezca la posibilidad de una “gran redistribución de la riqueza”.

Rechazo al aborto.

 Por otra parte, el Papa reiteró su enérgica oposición al aborto, a la eutanasia y a la amenaza de una programación eugenésica desde el nacimiento, al rechazar lo que llamó “la cultura de la muerte”.  Para el Pontífice, “sin respeto por la vida humana ni sentido de la trascendencia, no puede haber desarrollo”. Desde este punto de vista, advirtió que “el ateísmo programado de algunos gobiernos es peligroso, como el terrorismo fundamentalista”.

Benedicto XVI abogó por un trabajo “decente” para todos como “derecho inalienable” de cada ser humano, a la vez que pidió respeto “en cualquier circunstancia” para los trabajadores extranjeros, que “no son una mercadería”. Agencias ANSA, Reuters, AP y AFP .

Textual

“Se siente mucho la urgencia de la reforma de la ONU y de la arquitectura económica global”

 “Hay que volver a tomar la dignidad humana como centro del desarrollo”

 “La economía necesita una ética centrada en la gente para funcionar correctamente”

 “Si la ganancia se produce por medios indignos, corre riesgo de crear pobreza”

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